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domingo, 13 de abril de 2025

BUCARAMANGA

 




Título: Bucaramanga 

Bajo el sol radiante de la ciudad se esconden,  

las montañas que abrazan a Bucaramanga con amor,  

sus calles empedradas susurran historias antiguas,  

como un río que fluye en busca de su destino mejor.  


En el aire fresco se entrelazan aromas diversos,  

como las notas de una canción que rememora el ayer,  

Bucaramanga, joya escondida entre valles y acantilados,  

donde el verde de la esperanza nunca deja de florecer.  


Las tardes se tiñen de naranja y púrpura en el horizonte,  

mientras la ciudad despierta con pasión y fervor,  

Bucaramanga, tesoro escondido en la geografía,  

testigo silente de tantas historias ancestrales.

Marcela Barrientos 03/08/20244

Derechos de autora reservados Argentina


CIUDAD BONITA

 



El corazón de la Ciudad Bonita palpita

bajo el sol que despliega su luz intensa,

y las flores se divierten con las suaves brisas

repartiendo la alegría de sus diversos colores. 


Jazmines, sonrisas que encienden la noche,  

aromas dulces que reparten cálidos abrazos,

en sus pétalos se ocultan un perfume penetrante 

que ofrece una fragancia única y elegante. 


La flor de Pascua, símbolo de la Navidad

sus llamas escarlatas besan el cielo,  

un faro ardiente en la tarde dorada,  

suya es la danza de un amor en vuelo.  


Las orquídeas, reinas en su reino floral,  

con vestidos de seda y joyas doradas,  

en cada rincón, un susurro de vida,  

un eco profundo de historias olvidadas.  


Y los helechos, verdes sueños que cuelgan,  

son susurros de selva en un mundo de concreto,  

donde el tiempo se detiene y las manos abrazan  

las raíces que anhelan romper el silencio.  


Bucaramanga, con tu paisaje florido,

seduces a los visitantes con tu encanto 

y los decoras con gratos recuerdos 

a la bella experiencia de recorrer tu entorno.

Marcela Barrientos 09/08/2024 

Derechos de autora reservados Argentina.


martes, 8 de abril de 2025

MI REFUGIO PERSONAL

 



"Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de Biblioteca ", palabras de un Maestro de la literatura como lo fue Jorge Luis Borges. Y sí, Maestro, nada más maravilloso que paredes con libros esperando con ansias contar sus historias.

Desde que era niña, mi biblioteca personal ha sido mi cobijo, un cálido abrazo en un mundo que a veces se sentía frío y distante. Recuerdo la primera vez que abrí sus puertas: era como si un rincón del universo se hubiera encendido para darme la bienvenida. Los estantes, semejaban ramas de árboles de un bosque encantado, se erguían llenas de promesas y secretos, esperando ser descubiertos. Cada libro era un pasaporte a un lugar desconocido, una invitación a perderme en sus páginas y explorar los laberintos de la imaginación.

Mis noches solitarias se convertían en un festín de palabras y colores, donde cada página era una llama que iluminaba mi mente. Las historias de valientes aventureros y soñadores melancólicos danzaban en mi cabeza, creando un abanico de emociones que solo un libro podría ofrecer. En cada pausa, podía sentir el suave murmullo de las hojas al pasar, como el eco de voces que susurraban secretos guardados durante siglos. Aquellos momentos de conexión con los autores eran similares a encontrar a un viejo amigo, alguien que comprenda mis anhelos y miedos, que hable sin temor de la tristeza y la alegría que llevamos dentro. 

La biblioteca se convirtió, así, en un santuario donde los sentimientos humanos se exploraban sin tabúes ni prejuicios. Era el lugar donde la risa y las lágrimas se entrelazaban, donde los poetas desnudaban sus almas y los novelistas tejían universos paralelos. Allí, rodeada de esos guardianes de la palabra, aprendí a identificarme con las luchas y los triunfos de personajes de todas partes del mundo. Cada libro se volvió un amigo, un confidente que me abrazaba en momentos de necesidad. Algunos días, sus historias me hacían reír a carcajadas, mientras que en otros, me llevaban al borde de las lágrimas, recordándome que sentir profundamente es la esencia de ser humano.

En los días grises y complicados, encontraba consuelo en una especie de suicidio literario, un escape que me permitía aventurarme en lo desconocido sin salir de mi habitación. Con cada lectura, sentía que viajaba a tierras lejanas, experimentando culturas, tradiciones y emociones ajenas, pero siempre en conexión con mi propia esencia. En ese momento, la biblioteca no solo era un lugar cargado de repisas y cientos de libros, sino un remanso de paz donde mis emociones podían fluir libremente. En cada relato, un viaje; en cada viaje, una nueva oportunidad de crecer y entender mejor el complicado entramado de la condición humana. 

No solo los autores clásicos resonaban en mi corazón; también encontré tesoros escondidos en obras contemporáneas. Nuevas voces que hablan de realidades modernas, de luchas por la identidad y la pertenencia. Aquellos relatos me desafiaban a reflexionar sobre el mundo que me rodeaba, a cuestionar lo que daba por sentado y a maravillarse ante la diversidad de la experiencia humana. Fue en esos momentos de introspección donde descubrí cómo cada historia, por más distinta que fuera, llevaba un hilo común que unía a todos los seres humanos: el deseo intrínseco de ser entendidos y de amar, y ser amados.

En un mundo saturado de luces digitales y ruidos efímeros, las bibliotecas se erigen como refugios de silencio y sabiduría, donde el susurro de las páginas revela secretos guardados por el tiempo. Volver a ellas es reencontrarse con la esencia misma de la reflexión personal y el conocimiento, un acto de amor hacia las palabras que nos envuelven en un mundo de sensaciones. Desde los estantes, los libros son faros que iluminan senderos olvidados, invitándonos a navegar por mares de imaginación y fantasía pero a la vez llenos de realidades ocultas. Así, cada visita se convierte en un viaje poético hacia un horizonte de posibilidades infinitas, donde la tinta se transforma en alas y la lectura, en un vuelo hacia lo sublime.

Definitivamente, mi biblioteca personal sigue siendo ese lugar sagrado que solo espera la llegada de aquellos dispuestos a vivir una aventura. Una caricia cálida en la noche estrellada de mis pensamientos, una luz que nunca se apaga. Es el recordatorio constante de que en las páginas de los libros, aunque la distancia sea larga y el tiempo avance, siempre habrá un rincón para el alma que busca comprenderse y, al mismo tiempo, perderse en la vasta red de historias que celebran la vida en todas sus formas. En estos momentos, es más que una colección de papel y tinta; es una guarida donde las palabras tienen el poder de transformar, de sanar, y de unir a las almas en una fusión eterna de creatividad y pasión.

Y me despido con Borges otra vez: “…soy todos los libros que he leído”.

Marcela Barrientos 08/09/2024 Derechs de autora reservados
Argentina