Título: Tu nombre es Camelia
Te nombro, Camelia,
flor de inviernos silenciosos,
doncella de pétalos suaves
que no teme florecer
cuando todo duerme.
Tu aliento no perfuma el aire,
pero embriaga la mirada.
Eres un secreto que no grita,
un susurro de belleza
que no pide testigos.
Vestida de blanco, fuiste casi protagonista,
en la escena final de La Dama de las Camelias,
sobre un pecho que amó con exceso
y calló con elegancia.
Fuiste símbolo y despedida,
joya sin ruido, lágrima vegetal.
Roja, encendida,
hablas del amor que resiste,
de la pasión que no se doblega
aunque tiemble.
Rosa, te volvés ternura sin edad,
como una carta que no se envía
pero nunca se olvida.
Tus hojas, siempre verdes,
son promesa de lo que permanece,
aunque el mundo gire,
aunque la nieve caiga.
Te asocian con la lealtad
porque no cambias tu rostro
ni aun en la tormenta.
Te ligan a la valentía
porque sabés abrirte
cuando todo a tu alrededor se cierra.
Eres flor de teatro íntimo,
protagonista de historias no contadas,
y aún así,
cada jardín que te acoge
te escribe un poema nuevo
con sólo mirarte.
Camelia, flor sin estruendo,
madurez sin ruido,
devoción sin cadenas.
Hoy te rindo palabras
como quien deja pétalos sobre un altar,
porque en tu forma callada
vive lo que el mundo olvida:
la elegancia del alma,
la fuerza del amor verdadero,
la belleza que no necesita hablar.
Marcela Barrientos 15/07/2025
Derechos de autora reservados
Argentina

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