Título: ´Abuelazgo en tres tiempos
I. Lo que no fue
No supe del perfume del pan en sus hornos,
ni del silbido tibio de una nana entre hilos,
nadie me contó historias al borde del sueño
ni tejió mis inviernos con sus manos de abrigo.
A mi mesa faltaron sus risas de otoño,
y en mis fotos no hay huellas de abrazos antiguos.
Los busqué en las grietas del tiempo heredado,
y hallé solo el eco de un hueco dormido.
II. Lo que vi en ellos
Pero vi en sus ojos —los de mis padres—
la dulzura callada de un río que enseña,
el gesto preciso, la paciencia sin sombra,
la ternura haciendo sus comidas preferidas.
No mimaron con exceso, amaron con norte,
dieron sin medir, y cosecharon sin ruido,
y mis hijos aún los miran como a faros sagrados,
con esa fe redonda que les dieron abrigo de niños.
III. Lo que nace en mí
Ahora soy el regazo que alivia y que espera,
la rama donde anida la siesta en su canto.
Él sonríe y el mundo se dobla en colores,
me busca dormido, se entrega en mis brazos.
Hay una eternidad en su mano pequeña,
y en su risa me vuelvo semilla y pasado.
Ser abuela es volverse raíz y horizonte,
es sanar lo que falta… es volver a empezar.
Autoría: Marcela Barrientos 14-07-2025
País: Argentina
© Derechos Reservados de Autor


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