Título: Ecce Homo
En la quietud de la noche, el cielo se abre,
una aurora de espinas y lágrimas, un manto que arde,
y allí, en la cruz, yace el Hombre, la carne y el alma,
una piedra viva, un sacrificio que nunca se calma.
Sus ojos, faros de misericordia, reflejan mares profundos,
como espejos de un amor que abraza los mundos,
su piel, un lienzo de heridas y promesas,
una sinfonía de dolor que en silencio reza.
Ecce Homo: mira al que sufre, el que carga la pena,
el que en su mirada lleva toda la historia humana,
sus manos, ramas de un árbol que nunca se doblegan,
extendidas en perdón, en gracia que no se apaga.
Su cuerpo, altar de entrega , llama y vuelo
una ofrenda de amor que quema y es consuelo,
cada gota de su sangre, río de templanza,
que limpia las heridas, que renace la esperanza.
Y en su rostro, la luz de la redención,
una promesa de vida, de paz, de perdón.
En su sufrimiento, brota la flor de la Salvación
y en su sacrificio, la Eternidad ya es acción.
Marcela Barrientos 18/04/2025
Derechos de autora reservados Argentina


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