Trabaja el alma en manos callosas,
surco y semilla, sol y sudor,
no hay mayor honra que el fruto honesto
nacido al ritmo del corazón.
Pero,¡ay, cuánto peso en la espalda
cuando el oro ajeno marca el reloj,
cuando el hambre ajena engorda al trono
de quien nunca supo del arado o del sol!
No es digno el trabajo que esclaviza,
que arranca el tiempo y roba la voz,
que usa la vida como herramienta
y paga migajas por todo el valor.
La humanidad clama otro destino,
uno donde el pan no sea dolor,
donde el esfuerzo tenga su justa
medida en paz, en salud, en amor.
No más montañas de riqueza ajena
al borde abismo de la opresión,
no más castillos hechos de sombras
con manos rotas y sin compasión.
El mundo necesita otro equilibrio,
ni dioses de oro ni siervos sin sol,
solo la tierra, el pan compartido,
trabajo libre, justicia y calor.
Porque digna es toda labor sincera
cuando se honra y se cuida el sudor,
y solo así cambiaremos la historia:
sin amos, sin siervos... con unión.
Marcela Barrientos 30-04-2025
Derechos de autora reservados
Argentina


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